Me hablaste del relámpago

del silencio blanco

de la vena de luz

del agitar de alas de un ángel en la niebla

 

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Los cipreses escriben sobre la quietud del viento

péndulos verdes que van indicando

la trayectoria del silencio.

Ah, mariposa de la muerte, qué saben de tí los que creen estar vivos cuando sólo hablan de orugas y capullos?

Hortencias de agua sobre el pecho,

en la tumba del juicio donde todos somos libres.

No hay deseo, ni girasoles que perduren en la endidura de los vivos,

sólo la risa triste y el silencio eterno

“Somos peces que quizás al salir del agua entienden lo que no lograban comprender en ella.”- dice un vagabundo mirándome, sin verme.

Entre dos ramas cuya fuerza desvanece, la uva de tu vulva se suspende muy cerca de mis labios humedecidos por tu arroyo oculto y tibio.

Noche de relámpagos, estambres de luz entre las nubes del verano. Asi en la mente se desenrredan los hilos de nuestra luz hasta desfallecer.