Aveces la nieve en el correcional

cubre los montes cercanos

y su amanecer de puños,

miradas sonámbulas

y risas fanfarronas

se pierde en los vientos tristes

de la niñez violenta.

La vida se congela en festival de caras jóvenes

luchando el kilómetro cuadrado,

los nudillos afilados,

la sangre y el impulso

la masturbación y la droga.

Aveces caen como palomillas muertas

las nieves  sobre los montes

y las mira atento un joven desde su celda.

 

un ramo de luna,

la boca roja del vino,

el ahuehuete mental,

la raíz transparente del bosque

y los vuelos entre fronteras.

Sobre el cristal pulverizado

por caricias,

una mujer y un hombre miran desnudos las docenas de reflejos

de luz amarillenta atrapada

en cada cristal cuarteado

y saben

que este polinomeo no es natural

a pesar de que cada suspiro oscuro arrancado

a la oscuridad,

cada ternura derramada

y cada temblor,

cada paso liviano por calles andadas

en soledad,  lo es, natural,

terreno que transcurre entre mirada y

muslo mojado

álgebra de deseos, incertidumbre y calma.

Una mujer como leona blanca se inclinó bajo

una lengua rosa

que rozó

el cráter

entre sus dos lunas

y abrió una doble sentencia

con las piernas de su amante

unidas a las de ella en vértice erótico

y en un parpadeo de miradas

se sembraron derrotas

de libertad.

II

Cúbreme Elena esta noche

con tus manos

que no aceptan mis ausencias

o mi sombra

entre sombras

que hundidas buscan la luz

que alumbra que se nutre en la oscuridad

III

 

 

 

 

Se deslavó la piel tibia,

la ola desnuda y dulce pintó de blanco el reflejo transparente.

Sembraste tus suspiros en mi pecho,

y el arrabal íntimo hundió su dedo en el interior de la concha

donde la ostra inquieta se retorció. 

Tus pies se hundieron en la nieve y tus labios en mi boca. 

tu voz avanzada exprimió su gemido mientras oteabas mi rostro

desde tu sitio interior

y las alas agitadas de una palomilla en mi mano se encendieron al rozar la mecha 

de tu cuerpo 

tu mirada se nubló:

allá el campo y el árbol solitario,

una escuela y una iglesia,

aquí un temblor y dos pieles.

Se deslavó nuestra tierra que fue la misma y dejó de serlo.

la puerta

que conozco, la boca húmeda

la que se amolda al huésped y el huésped

a la sílaba que nos describe

Sobre la punta delgada de la mandíbula se estiran los dientes enjutos

del joven ciervo.

Sin labios, sin ojos y sin lengua

sueña que aún brama, que inserta su cabeza deleitada entre las zarzamoras

alzando sus orejas ante el alboroto del motor del vehículo de un animal bípedo

cerca del monte verde.

¿Hacia dónde nos guía la umbría?

ulula la tierra

sobre el mástil urbano

la flor de luz

la energía

en sus cadena de alambres

el tallo de la metalurgia

el semen

de la electricidad.

De Noche…

I

Dos lenguas, dos imperfecciones, dos palabras y dos tiempos. La noche está empapada y negra, fértil como un vello púbico. La noche está empapada como un sollozo.

Tus labios son una tristeza, mi corazón es una arruga anciana en el pecho, tu sonrisa es un seno rosa y erguido, mi alegría las alas diáfanas de las estridentes cigarras ocultas en los follajes verdes de la piel.

los párpados de la noche urbana son los postes de luz, nosotros somos sus sombras ambulantes 

la barca roja y rota lame tu montículo de tierra

al llegar la noche, los y las imigrantes regresan a sus chozas de metal y al campo regresa el brillo oscilante de las olas de luciérnagas sobre los cultivos.

Tú seguías a sus familias, tú cortabas el fruto de los árboles con ellos.

 El día es un intervalo entre dos párrafos negros.

II

cierra las puertas a la luz del día  para escuchar el contorno de tu propia voz.

La percha sujeta tu vela, desemboca mi lengua sobre tu duna albariza rompiendo el silencio del alba con tu voz cimbreante, blanda y erizada.

el odio… par-pa-dea, el deseo… par-pa-dea… la vida par-pa-dea.

Tu voz lloriquea cuando la oruga revienta en tu gruta. El sol lloriquea sobre la neblina amarillenta del amanecer.

Dices que un relámpago dejó libre a un ángel. Yo te digo que un relámpago dejó libre a una palabra.

la parálisis mas grande es el miedo. Yo dejo esta página en blanco. Era río, era sol y voz, ahora es blanca, ahora eres tú y soy yo y deja de serlo, es lo que se piensa y deja de pensarse, es vital.

Yo te guardé en mi ser roja, como las heridas abiertas, para poderte recordar.

Son otras las guerras y las luchas en contra de las guerras, son otros los muertos y los que escapan, son otras las familias que se hacen y deshacen, pero siguen siendo el timbre vital de lo diario.

un amigo me habló del pez que habita la vena delgada que llaman Rio Grande. Me dijo que estaba en peligro de extinción. Me dijo que el pez era el ser humano, éramos tú y yo. Me explicó que nuestras voces son los espinos y rayos de su aleta pectoral.  

Sus labios eran un disco oral. Sus palabras agua.

Dibujó un mapa sobre las escamas del pez. Me dijo que era la historia del río. 

Ayer viví. Hoy vivo.

III

una luciérnaga quemó tu mirada. Un cuerpo selló tus labios. ¿Qué es nacer? Dos conchas donde algo sisea por dentro.

En el agua y aire, en la gruta entre las piernas y en el llanto

la noche germina.

IV –

Una noche es una multitud de noches,

el poste de luz pálida y fría, lunar, es un agujero blanco-azul, es un sol débil, una espada blanca,

Esta noche es una multitud de noches, miles instancias de un yo que se esconde en la sombra inmensa. Son las patas de los escarabajos, el desecho que duerme en la piel grasosa de la tierra, son las moscas y el amoniaco de los orines de un borracho y su hedor, es el joven que se imagina joven y en el mundo.

Esta noche es una palabra ligera y negra, una pluma suelta del cuervo del tiempo. Es una frontera donde los símbolos del día se han transformado e invertido.

Esta noche es incierta. Sus silenciosos dedos fríos palpan tu interior

la noche no tiene contornos

Semen de mar, vientre de algas.

Olas de piel que se crispa como la espuma.

El mar sisea en nuestros oídos perdidos en la soledad.

Neruda quizo sacudirse la arena y surgir limpio

yo le digo al capitán que el amarse está en lo arenoso,

en aceptar la segunda piel, la tercera sal.

La noche sisea como el mar y en las tristes estelas de las medusas

y sus crestas, se dibuja una cruz tolteca.

La noche es fría y no tiene contornos.

V

Detroit 2013.

Tu rostro burdo es el de los abandonados, le pertenece a las fábricas que escupen humo, al río gélido y gris, a la cáscara del mármol teñido de mugre en el edificio que hospedaba las funciones de ópera, le pertenece a la estación de trenes y sus otoños perpetuos y enfermos.

Tu rostro es el de la esquizofrenia de las razas y culturas que se dividen y evitan. Tu pensador francés es de bronce negro frente a las fachada blanquísima, frente a las puertas de la cultura y los objetos extraviados del pensar humano.

Sueños, locuras y vanidades.  

Calles humeantes, ruinas urbanas, tiendas cerradas, ventanas abarrotada, droga polvorienta y blanca, droga cocinada

en un rostro abandonado

Detroit negro, árabe, mexicano, polaco, irlandés, inglés, alemán, americano, corrupto y abandonado.

Entre tres lagos se borra la historia, se ahoga bajo el oleaje sobre la orilla empedrada, mientras los barcos y sus cargas ignoran lo que dejan atrás distraídos por el vuelo de las gaviotas.

Al norte, la ingenua Canadá.

En un hospital  de la ciudad gris mi madre dio a luz a un otoño de vida roja 

nació con dos nombres, dos lenguas, dos tierras y dos ríos

Como una reliquia vistes el nombre Chipewa, el rostro azul de tus aguas que se extienden alrededor de tu dedo pulgar como un mar, donde los grandes barcos desembarcan y las gaviotas pueblan el cielo picado. 

Del rostro azul surgió el viaje y del viaje surgió el olvido.

El día…

Son las cicatrices de la luz

las que hieren y callan.

Yo te vi en la otra orilla.

Me dijiste que el macho de la mariposa monarca se queda en el santuario a morir

los pinos y riachuelos raquíticos del invierno son su sepulcro.

Me dijiste que el punto negro en su ala es la pupila donde la luz deposita sus huellas. Me dijiste que la cópula de las mariposas sobre las hierbas es un abanico mortal, una puerta que por siempre se abre y se cierra como las piernas de una amante.

Besé el campo sin llamarlo mío, fundí mi lengua en el vértice de las hojas transparentes que emanan del centro.

III

Tu voz despertó en la primavera, bajo la sombra de los álamos,

tu sombra siempre llegó retirándose, tiene una inquietud similar, un cuerpo que distingo,

es esbelto y moteado como leopardo sin importar su edad, es oscuro y limpio y gusta de lo indefinido

en su santuario de agua dice que nada es mas estable que el huir y siempre huye

después de dejarse beber y crear sed y agitar el flujo de la sangre 

Yo me acuesto a su lado sin saber hacia donde nos dirigimos

aunque ya he llegado a las fronteras que busca

desde lejos, las fronteras que va interpretando a solas y que debo interpretar a solas también.

IV

Dos lenguas son dos cuerpos amorosos

son el traspazo de la cultura

el cuerpo, el martillo y la pared

el cuerpo es la yerba que crece en los campos valdíos, es el gemido del viento

es el hambre mortal

Dos cuerpos se miran unirse y se aman

Dos lenguas tibias y sensuales

lamen el brillo del relámpago

la tarde gruñe herida entre militares, entre hijos de puta, la tarde mata las palabras y las suplanta por montículos falsos donde la tristeza encuentra a sus amantes.

La tarde maneja un Bugatti y sueña con bondades,

la tarde se dice realista, le amarra el cuello a los bebés, les arranca sus alas y los cuelga.

La tarde se dice realista y cocina a la juventud y la empala.

Hoy nació el realismo de las piernas rameras de un imbécil.

Hoy la tarde dice que eres tú y que soy yo.

Dice que el que asesina es la víctima y la víctima el criminal.

Hoy la tarde es el poeta del golfo. Cuando la noche caiga, cambiaremos de vestimenta. Nuestros sexos serán cuchillos brillantes y filosos.

Seremos las rameras del síndrome del autoengaño. Seremos el sintaxis de una mentira y el sínodo de una realidad que se vive sin escucharse.