Las palabras pesan, las que ahora se piensan y no se hablan, las que se atascan en una calle de piedra. El nudo de las tristezas aprieta el pecho con sus ligeras manos.

Los labios se encuentran, la sangre corre y su deseo florece por un instante, su instante de amor.

El camión suspira y me lleva lejos.

En la tumba del juicio, todos somos libres.

Se mantiene uno erguido, porque no hay paz horizontal,

no hay deseo ni girasoles en la endidura del que se ofrece.

Entre las palmeras verdes, el plátano y los ancestrales ahuehuetes, sonrie un poeta.

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“Somos peces que quizás al salir del agua entienden lo que no lograban comprender en ella.”- expresado por un vagabundo que hablaba con si mismo en la calle

Entre dos ramas cuya fuerza desvanece, la uva de tu vulva se suspende muy cerca de mis labios y las corrientes de tu arroyo oculto se desbordan

Ven amor al jardín secreto. Mi hija vive en él sin fronteras. Las aguas vuelven al manantial y yo te acaricio un rostro nuevo.
Acostada dobla tus brazos sobre tus cabellos sujetados por la fuerza de mis manos. Asi se ierguen los palos del bambú en una choza indígena mientras arde el fulgor en la mirada de un bisonte.
Bebe la dulce sed de mi boca sobre los campos blancos de tus pechos. La lengua que esculpe la forma de tus senos con el recuerdo de ser madre.
Soñé al sentirme abrazado por tus caderas que regresaba al calor de la manada estrecho entre cuerpos cálidos y fuertes. Sentí el vertigo de vivir bajo su ritmo, su búsqueda de agua que renueva y desenreda las raices de los árboles junto al río, oscurecidas por las corrientes desbordantes.
Recuerdas mi esencia amor? Si soy bosque o ciudad? Arena u ola salada que nos salpica el rostro al romperse entre las piedras negras de Ensenada?
Soñé que te bebía, que eras leche tibia, que el espacio de tu pupila era una noche con mares de estrellas rodeadas por un cielo abierto donde renace el iris azul del jardín secreto.
En ese jardín escribías algo eterno mientras yo probaba el nervioso andar del placer y la sabia que anida bajo la superficie de la vida. Y me detuve, como halcón suspendido en vuelo y supe que te amo.
Permítete sujetarte con mirada delirante, precipitada con el deseo de luz de mil palomillas que se encienden en el calor de tus brazos y de miles de cristales rotos que buscan recordar su fulgor secreto.
Al ser hombre prefiero el calor de tus pechos y la forma de tus manos que tengo grabadas en mi piel.
Soñé que eras lago y yo montaña. Y al ver mi reflejo de siglos verdes y piedras sabias y antigüas quize ser lago. Al volverme lago te sentí pasear sobre mis muslos como nube. Al ser nube te sentí descender como la lluvia una y otra vez del crepúsculo del climax hasta rebasar el exhausto galopar de los truenos y la luz.
Tengo un secreto rojo en mis manos cuando estamos juntos que me unto desnudo y caliente en la soledad y un talismán azul en mi pecho cuando me miras.
Extiéndete como montaña. Es tiempo de cavalgar sobre las caderas de un recuerdo. Beberlo como el vino en un café del centro. Soñarlo como si fuera un cuerpo.
Los aceites sobre tu piel en Julio. Tu sonrisa entre copos de nieve. Tus veranos que se enrrollan como serpientes plateadas alrededor de nuestros dedos una mañana de Febrero y se duermen plácidamente en el jardín secreto. (Entre sus páginas blancas).
Ven amor al jardín secreto. Mi hija vive en él en fragmentos de ave transparente. La vida retorna a la piel y yo te acaricio de nuevo tu rostro y su misterio mientras el viento sopla cálido sobre los campos y flores.

Noche de relámpagos como estambres de luz entre las nubes del verano. Asi en la mente se desenrredan los hilos de  luz hasta desfallecer.

Aveces la nieve en el correcional

cubre en su manta blanca los montes cercanos

como un puño de

miradas sonámbulas

y risas falsas y ágrias

que se pierde en los vientos tristes

de una niñez violenta.

La vida congela el festival de rostros

que luchan el kilómetro cuadrado,

La sangre pulsa

masturbación y droga.

La nieve desciende como palomillas muertas y perdidas

sobre los montes

bajo la mirada atenta de un jóven en su celda

 

un ramo de luna,

la boca roja del vino,

el ahuehuete mental,

la raíz transparente del bosque

y los vuelos entre fronteras.

Sobre el cristal pulverizado

por caricias,

Nos miramos desnudos en las docenas de reflejos

de luz amarillenta atrapada

en cada cristal cuarteado

reconociendo

que este polinomeo no es natural

a pesar de que cada suspiro oscuro arrancado

a la oscuridad,

cada ternura derramada

y cada temblor,

cada paso liviano por calles andadas

en la soledad

es elterreno que transcurre entre mirada y

muslo mojado

el álgebra de deseos, incertidumbre y calma.

Como leona blanca te inclinaste

Mi lengua rosa

rozó

el cráter

entre sus dos lunas

y abrió una doble sentencia

entre tus piernas

tejió un estambre en vértice erótico

y en un parpadear

se sembraron humedades tiernas

sobre el cáliz hundido.

 

II

Cúbreme esta noche

con tus manos

que no aceptan mis ausencias

o mi sombra

entre las sombras